Holandesa
Lo primero de todo deciros que leía vuestra página web anterior, y que ha
sido una gran sorpresa encontrar vuestro nuevo formato. Muuucho mejor.
Me llamo Marta, y casi prefiero no decir de donde soy, porque es un pueblo
no muy grandecillo. ¡Pero bueno, no os quejareis porque por lo menos me he
animado a escribir!. Al principio no estaba muy segura… porque lees las
historia que cuentan y bueno, pues que la mía no es tan bruta, es más bien
una putadilla.
Yo trabajo en un gran centro comercial (que no, que no os digo cual es) y
esto fue dos semanas antes de la boda. Era un sábado petardo de esos, ya
sabéis venga y venga de familias comprando a lo loco. Carros que parecía
montañas. A eso de las diez, cuando empezamos a cerrar el chiringuito
después de revisar las cajas y otras gaitas que tenemos que hacer,
aparecieron varias amigas mías.
Claro, tengo que explicar que me casé con un chico holandés. Por eso pusimos
la boda en agosto, y por eso la mitad de mis amigas estaban tomando el sol
en el mediterráneo. Brrrr.
Así que aparecieron unas tres amigas y el resto eran medio amigas: terceras
amigas, primas de mis amigas, vecinas. ¡Qué se yo! Ah, pero yo feliz. Al ver
a todas estas locas gritarme en el aparcamiento del XXXX y recibirme con
confeti como si ya me hubiera casado.
Adivinaréis de que me disfrazaron. Porque lo primero fue quitarme la ropa
medio escondida en el coche de Pilar y aparecer con los trapitos de la madre
de la vaca que ríe… parecido, me vistieron de holandesa tradicional. Escote
inmenso… donde mis tetillas no hacían pie, una especie de cofia y zuecos de
madera.
Nos montamos las siete en dos coches y salimos disparadas hacia San
Sebastián. Una de mis amigas tenía un novio que estudiaba allí y nos dejaba
estar en el piso.
Más que nos dejaba creo yo que le obligaron sus compañeros de piso, porque
nada más llegar allí después de casi dos horas de viaje nos miraban que nos
comían, sobre todo a mí que enseñaba más carnecilla.
Bebimos como lobas en el piso. Whisky con cola, ron con piña, naranja con
vodka…hmmm…y por supuesto mi bebida favorita. Whisky Peché!
Dejamos hambrientos y babeando a los locos del piso y nos acercamos a una
sidrería donde reservaron mesa. No sé muy bien donde quedaba porque fuimos
andando mientras cantábamos canciones de la escuela y seguíamos bebiendo en
botellas de leche rellenitas de cubata. La sidrería estaba muy bien. Dos
pisos y esas enormes barricas de sidra, que por cierto no me gusta mucho
pero casi las vaciamos.
Yo les había dicho que si querían hacerme despedida que la hicieran, pero
sin chorradas de boys y otras cosas sexuales, que no me apetecían tonterías,
que además mi novio estaba fuera y no quería que le llegase ninguna señal
rara. Pues nada más empezar a comer, Susana va y saca unos panes especiales
que habían encargado. Eran unas super pollas con su huevecillos y todo. Que
vergüenza, había dos para cada una. Bueno pensé, espero que esto sea lo
peor, pero no fue asi… había cámaras de fotos y de video. Nos pasamos la
comida comiendo pollas, nunca mejor dicho, y poniendo posturitas. Claro ya
habíamos bebido nuestros litros (si sirve de excusa).. Y todo en las fotos.
Que vergüenza.
Pero todavía fue peor cuando llegaron cuantos unos chicos que estaban de
despedida de soltero en el piso de arriba. Empezaron a reirse de mí por mi
traje. El novio de ellos iba de torero (muy original). El caso es que a mis
amigas les hicieron gracia estos chisposos y empezaron a reirles las
gracias.
Salimos todos juntos de la sidrería y cada dos bares una de mi amigas se
liaba con uno del otro grupo, y se marchaban a no sé que casa. Yo estaba que
fumaba en pipa. ¿No era mi despedida de soltera? ¿No se suponía eso de
amigas hasta la muerte? Al final me quedé con las amigas de mis amigas y
volví a la casa de estudiantes super cabreda. Al llegar allí una de las
amigas-pegote se lió con el novio de una de mis amigas no pegote,
precisamente Carmen, que se había quedado con un torerillo de esos. Creo que
no pude evitarlo, entre que estaba bebida y mi amiga se marcho poniéndonos
los cuernos a su novio y a mí, pues que ni me entraron las ganas de decir
nada. Me eché a dormir vestida con mis mejores galas holandesas.
A la mañana siguiente me despertaron los gritos de Carmen llamando lagarta y
putón verbenero a la otra. El viaje de vuelta fue muy triste, entre el mal
rollo, mi cabreo y la resaca de sidra que creo que es la peor del mundo
mundial.
Y eso es todo amigos… Ciaooo.
Enviada por -MUJER ANÓNIMA-