Despedida a la Argentina
En Argentina hay dos tipos
de "despedidas de soltero". Aquellas en las que tus amigos le pagan a una puta
para divertirse todos un rato, y las aquellas en las que no hay mujeres
involucradas y por lo tanto la broma está en hacer pasar un mal rato al
pobre novio que debe someterse a todas las "guachadas" (putadas) que le hacen
sus amigos. Como en mi despedida estaban los hermanos de mi esposa (queridos
cuñados), yo sabía de antemano que estaba condenado al calvario toda la
santa noche.
Dos semanas antes de la boda, estaba jugando al fútbol 5 con algunos
amigos. Cuando terminó el partido me avisaron que no me dejarían ir a mi casa
porque ese sábado iba a ser mi despedida de soltero. Yo pensaba que sería el
último sábado antes de la boda, pero para que no intentara escapar me
tomaron de sorpresa. De modo que de la canchita me llevaron a la casa de
fin de semana de uno de ellos en la zona sur del Gran Buenos Aires. Allí me
esperaban otros amigos y conocidos. En total eran once los que se transformaría
en "mis verdugos" por una noche.
La prueba de los fideos bien condimentados.
Todo comenzó con una cena de fideos con salsa. En realidad sólo ellos comían, porque a mí sólo me
dejaban beber, pero nada de comer.
Cuando todos terminaron de
comer, juntaron todos los restos de comida en uno solo plato. Al principio
no sabía que se traían entre manos pero luego comprendí rápidamente. Al plato de
restos de fideos fríos le agregaron ketuchp, vinagre, mermelada, ajo, dulce de
leche, mostaza y cuanto encontraron a la mano. Luego revolvieron bien toda esa asquerosidad
para que los condimentos se mezclaran bien. Pero lo peor todavía estaba por
ocurrir.
Cada uno de mis amigos
escupió en el plato que acaban de preparar. Era obvio que esa asquerosidad
iba a ser "mi cena" de la despedida de solteros.
Me dieron tres minutos para terminar el plato completo bajo amenaza de que
si no lo terminaba en ese tiempo, debería seguir comiendo con las manos atadas a
la espalda. La mezcla de fideos fríos con todos esos condimentos era realmente
vomitiva pero por suerte pude terminar dentro del plazo establecido.
La prueba del túnel.
Otra de las pruebas a las que fui sometido fue el "túnel". Para
esta prueba era necesario que yo estuviera en ropa interior, de modo que me
ordenaron quitarme toda la ropa a excepción de los calzoncillos (los
perdería más tarde en otra prueba). Desde entonces no recuperé más mi ropa
hasta el final de mi "despedida". Esto aumenta notoriamente la sensación de
indefensión.
Luego todos mis amigos se pararon con las piernas abiertas y en
fila, uno detrás del otro, dejando un metro entre cada uno de ellos. En sus
manos tenían una zapatilla, zapato, ojota o el tipo de calzado que cada uno
tuviera en ese momento. Muchos usaron las ojotas que habían llevado para
ducharse después del partido de fútbol. Aunque esa ducha nunca llegó porque
eso también era parte del plan.
Así formados, el juego consistía en que yo debía pasar por debajo de las
piernas abiertas de mis amigos empujando una moneda que tiraron al piso. Pero la
maldad estaba en que debía hacerlo usando sólo mi nariz, con lo cual debía
inclinarme exponiendo mi culo a los golpes que mis amigos me propinarían
durante todo el recorrido con el calzado que tenían en la mano.
Empujar una moneda con la nariz no es algo imposible, pero da un poco de
trabajo. Por eso hay que ir despacio, pero claro, cuanto más despacio
lo hacía, más zurra recibía en mi pobre culo.
Luego de esta primera pasada por el túnel ya mi trasero estaba un poco
rojo, pero como siempre lo peor quedaba para el final, mis amigos me dijeron que
debía hacer una segunda pasada con un ingrediente extra: mis ojos
estaría vendados. Con una de mis medias (calcetines) me vendaron los
ojos y me pusieron otra vez en el inicio del túnel. Ahora sin poder ver, no
podía despegar la moneda ni por un instante de mi nariz, ya que si la perdía
sería bastante difícil volver a encontrarla.
Así, mi segunda pasada por el túnel fue aun más lenta y dolorosa que la
primera. Mi culo había quedado sensibilizado de los zapatillazos recibidos en la
primer pasada. La segunda fue el verdadero castigo.
El metegol
En un momento de la noche, trajeron el metegol (futbol de mesa)
que tenía el dueño de casa en el garage. Me explicaron que para la próxima
prueba debía jugar dos pelotas con cada uno de mis amigos, es decir 22
pelotas. Los goles que me hicieran serían computados para la prueba. De
modo que cuantos más partidos perdiera, peor sería mi próximo castigo, el que en
ese momento no me revelaron.
Jugué los 22 partidos y gané sólo 7. Cuando cuento ésto, algunos me dicen
que soy un desastre jugando al metegol, y que yo solo me cave mi propia tumba. A
los que piensan eso les cuento que es muy fácil opinar con la cabeza fría. Pero
cuando estás en tu despedida de solteros con 11 "verdugos" que te tienen a mal
traer toda la noche, en calzoncillo tratando de que estes asustado sin saber lo
que te va a pasar, la presión es mucha y no es tan fácil concentrarse.
Solo a uno de ellos (Roberto) le gané los dos partidos. Estaba furioso. Yo
no sabía por qué, pero luego me daría cuenta.
Una vez terminados todos los partidos me ordenaron quitarme los
calzoncillos, que para ese momento era la única prenda que me cubría. Me
llevaron debajo de un árbol de cuya rama colgaba una soga. Me ataron esa soga a
las muñecas y la tensaron bien de modo que mis brazos quedaran totalmente
extendidos por encima de mi cabeza. Tanto la tensaron, que prácticamente debía
estar en puntas de pies, una posición muy incómoda de mantener, pero qué más
podía hacer, debía seguir aguantando, después de todo la noche no sería eterna
-aunque a mi me lo pareciera- y tenía que seguir demostrando mi hombría ante
mis "verdugos".
Luego ataron mi dos tobillos juntos para evitar que pudiera defenderme
a patadas.
Finalmente me vendaron los ojos con una media y allí me dejaron con la
promesa que volverían con la "peor de las pruebas".
Ahí quedé, sin poder mover mis manos, ni mis pies, en una posición incómoda
y sin poder ver lo que mis amigos tramaban. Sólo podía escuchar a la distancia
-porque el árbol estaba retirado de la casa- algunas voces que
hablaban de "calentar" algo. Debo confesar que en ese momento me
dio un poco de miedo, ya que si bien sabía que no iban a hacerme
nada para dañarme, podían hacerme pasar un rato de arduo
sufrimiento.
No sé cuanto tiempo estuve allí atado esperando ya que rápidamente se
pierde la noción del tiempo.
Cuando finalmente volvieron me quitaron la venda de los ojos.
Recién ahí pude ver que uno de ellos tenía como una pequeña cacerola con algo
humeante en su interior y una varita de madera que asomaba.
Para terminar con el misterio me dijeron que iban a depilarme con cera del
cuello hacia abajo. También me explicaron que, por cada gol que me habían hecho
jugando al metegol (que como dije eran 15) me depilarían un sector de mi cuerpo.
Al principio no me pareció tan terrible, teniendo en cuenta las cosas que había
imaginado que podían hacerme. Después de todo las mujeres lo hacen siempre. Sin
embargo el alivio se me fue rápidamente cuando me di cuenta que "del cuello
hacia abajo" también incluía mis genitales, y dudaba mucho que los
excluyeran.
Finalmente y sin más explicaciones comenzaron con el castigo. Cada uno
tenía derecho a depilarme la cantidad de goles que me hubiera hecho. De modo que
todos tuvieron su turno excepto el pobre Rober al que le gané los dos partidos.
Se quedó con las ganas.
Así comenzaron a pasar uno a uno, metiendo la varita en la cera caliente,
levantando un poco de ella y aplicándomela sobre mi cuerpo. El primero se
decidió por el pecho. Colocó el parche de cera, esperó que se enfriara un poco y
luego con toda la furia retiró el pedazo de cera y pelos. Por ser la primera vez
que "me depilaba" fue bastante impresionante. Inmediatamente pensaron que
estaban haciendo algo mal. El tirón no tenía que ser brusco, sino despacio para
que doliera más. Y esa fue la cruel técnica que usaron los demás.
Pero pronto uno de mis verdugos cumplió mi mayor miedo. Me dijo
que solo tenía una posibilidad de una depilación y no la iba a
desperdiciar. Sí, puso cera caliente en mis bolas. Antes de hacerlo le pedí
por favor que eligiera otra parte del cuerpo. Creo que fue la única vez que pedí
piedad pero no la obtuve. Pronto la cera se fue enfriando y llegó el momento del
tirón que fue de los más lentos y duraderos. Me prometí no darles el gusto de
gritar, pero no resistí. Las carcajadas y el "verdugueo" fue mucho. Al final de
cuenta yo estaba ahí para eso, para que me "verduguearan".
Tampoco se salvaron de la depilación mi culo, ni mis piernas, ni mis
brazos.
Al finalizar la prueba, no solo estaba depilado, sino "mal"
depilado, ya que tenía sectores lampiños por todos lados.
Además este castigo se extendió más allá de mi noche de despedida ya que
cuando me empezó a crecer nuevamente el vello, la picazón (en especial en
mis bolas) era terrible.
Estas son las pruebas más
importantes que tuve que soportar, pero no las únicas.
No quiero abusar del espacio que me permiten en este sitio, de modo que los
que estén interesados en hacerme comentarios y conocer más putadas, pueden
escribirme a:
alexmmvi@yahoo.com.ar
Algunos consejos:
PARA EL NOVIO:
* Tu eres la víctima esa noche y nadie podrá salvarte. De modo que tómatelo
con calma.
* Haz todo lo que te digan, ya que de lo contrario solo recibirás peores
castigos. Demuestra a tus amigos que tienes los huevos bien puestos para
soportar las putadas !!
* Recuerda que la noche no
es eterna y siempre termina, y que tu despedida es una sola vez en la vida, de
modo que disfrutala todo lo que puedas.
* No cuentes a tu novia lo que te han hecho tus amigos (al menos antes de
la boda). Es para evitar que ella (o su madre o tu madre) se enojen con ellos y
se arruine el festejo. Ya habrá tiempo para contar como lo estoy haciendo yo
ahora.
PARA LOS AMIGOS:
* Varios días antes de la despedida comiencen a atemorizar al novio
diciéndole las cosas horribles que le pueden pasar esa noche. NUNCA se deben
anticipar las pruebas que realmente se van a hacer. Sólo hay que decirle frases
ambiguas como "No sabés lo que te espera", "Vas a tener que ser Houdini para
zafarte", "No sé si nos vas a seguir hablando despúes de lo que te vamos a
hacer", etc..
* El día de la despedida preparen un "castigo psicológico". Al iniciar la
despedida le dirán al novio que le ocurrirá que realmente nunca pasará. El pobre
cristiano estará toda la noche más que preocupado. A un amigo le dijimos
que lo ibamos a obligar a tomar orina de todos. Por su puesto no lo hicimos
ya que es algo muy peligroso. Pero eso no importa. Lo importante es que el novio
se lo crea.
*Tener preparado un "castigo amenaza". En este caso el castigo debe ser
real y funcionará como amenaza cada vez que el novio no quiera cooperar con las
actividades. Debe ser algo que pueda repetirse varias veces en la noche.
* Un error común es tratar de emborrachar al novio. El novio debe estar
sobrio para que sepa exactamente lo que le está pasando. Pueden emborracharlo al
final de la noche, pero nunca al principio.
* No dejen que el novio descanse. Siempre debe estar siendo objeto de
alguna pruebita menor mientras se preparan las grandes. Tengo un monton de ideas
para esto.
*Nunca dejen al novio atado sin vigilancia porque puede ser muy
peligroso.