Sexo, mentiras, y cintas de video

Lo primero es decir que no soy Alberto. Soy uno de sus colegas que escribe a su nombre. El no escribe porque no tiene ni puta idea de lo que le paso el día de su despedida. Fue el desgüeve.

Alberto es el típico pringao que se las da de gallito, de fardar de titis y ser el mas enrollao. En el fondo es un colgao de la vida que no sabe ni por donde le llegan. Un poco cansados de su forma de ser ya estabamos cuando nos dijo que se casaría con Bea. Pues venga pensamos. Ya te vale de ir picando de flor en flor, o por lo menos de contarlo. Y es que lo que más nos reventaba es que siempre nos constaba unas historias asombrosas sobre lo que pillaba y dejaba de pillar, y encima el muy cabrón va y se enamora hasta las putas cartolas de Bea. Que llevaba saliendo con ella dos días como quien dice. Decidimos que le vendría bien un jarro de agua fría con asas y todo el copón.

Somos de cerca de Amorebieta, así que decidimos hacer la despedida en Bilbao. Pero no se trataba de llegar hasta Bilbao, sino más bien de emborrachar a Alberto. Este era el objetivo numero uno. Emborracharle como un hijo puta y que no se acordara de nada, o de casi nada.

Lo recogimos de casa el sábado anterior al de su boda, con una semana. Algunos de los colegas preferían cogerlo el mismo día. Pero déjate, queríamos jorderle un poco no toda la boda. Si se casaba o no era asunto suyo, tampoco era ser unos ogros. Con Alberto y todo eramos unos nueve. Así que empezamos en el bar de un colega en Galdakao echando un Kinito fino: kubatas de ron y cosas por el estilo. Estamos más acostumbrado a kinitos de cerveza y kalimotxo. Pues nada, esta vez era cosa de ponerse bien puesto, pero sobre todo Alberto. Así que una de las cuatro jarras que pedimos iba cargada de cojones. Mucho, ron, una barbaridad. Primero dejamos que Alberto bebiera del suave, para dormir la lengua. Después, según los dados se calentaban le fuimos dando del fuerte. Para acabar de joderla como era un kinito al mentiroso siempre le tocaba a él. Al principio se quejaba, después entraba al trapo como un desgraciado.

Salimos del bar bastante puestos, pero Alberto el que más, tenía un pedo cuadrado. Habíamos conseguido nuestra primera idea, estaba ya borracho hasta los huevos. La segunda fase del plan era darle unas vueltas por Galdakao, coger el coche y volver al pueblo, a casa de Aitor, que tenía esa noche la casa libre. Allí le esperaban una amigas de mi hermana, que son dos años mayores que nosotros. No fue difícil convencerlas, son unas cabronas que te mueres.

La casa la decoramos con luces rojas, cortinas rojas, todo rojo. Parecía un puti que te cagas. Además Alberto nunca estuvo en casa de Aitor, no se llevaban muy bien, así que entre cuatro vueltas que dimos, y el ciego que llevaba se pensaba que estaba a punto de echar el polvo de su vida.

Todavía en la sala de casa de Aitor, que estaba ademas con revistas porno sobre la mesilla, ropa interior, nos tomamos dos cacharros o tres mas. Venga de ron y coca cola. Alberto casi no se tenía en pie y a punto estuvo de vomitar varias veces.

Poco a poco nos fuimos saliendo de la sala. Marta, una de las amigas de mi hermana apareció en la sala con un bañador negro y unos espumillones rojos que parecía un putón reventón. Llevaba una peluca fucsia que le quedaba de muerte, y los labios pintarrajeados que parecía que le iba a comer al colega hasta el DNI. El Alberto se arrancó a por ella como una mala bestia. Ahí nos equivocamos todos. Pensábamos que andaría algo más cortado, no sé, menos seguro de querer echar un polvo, pero la abrazó que Marta tuvo que pedir ayuda. Cuando estabamos ya por actuar se logró separar de él, le echo cuatro gritos y el animal se calmo. Lo llevó al dormitorio de los padres de Aitor. Todo rojo: edredón, bombillas, sillas. Dejó Marta la puerta a medio abrir. Le pidió a Alberto que se desnudara y éste perdía el puto culo por hacerlo. Casi se mata al caerse contra un chisme de estos que les salen a las camas de las esquinas. No podía quitarse los pantalones. Se quedó en calzoncillos y la jodida de Marta le animó a quitárselos. Se los quitó. Poco a poco la puerta medio abierta fue abriendose por las ganas que teníamos de ver lo que pasaba. Marta lo tumbó en la cama y llamó a otra amiga tan poco vestida como ella. Marta se tumbó junto a el y Cristina sacó una cámara de fotos. Tiró por lo menos un carrete al Alberto en bolas y partes del cuerpo de Marta. Ella no quería que se le viera la cara. Alberto despatarrado con los huevos al aire y al lado el culo con espumillón rojo y bragas negras de Marta. Alberto sonriendo y un sujetador de la madre de Aitor en la boca. Alberto y una revista porno… así hasta 24 fotos.

Nos fuimo de casa de Aitor acojonados. Que barbaridad. Ya fuera seguimos con el plan. Cenamos en Bilbao, juerga en el casco viejo y desayuno por la mañana. Alberto andaba por los bares zombi perdido. Lo disfrazamos de araña e iba tan feliz con sus patas saliendole de la espalda. La cena no estuvo mal. Leímos tonterías sobre su posible homosexulidad y chorradas por el estilo. Pero claro después del juergote que liamos antes de la cena esto ya no nos supo a nada.

Lo mejor vino al revelar las fotos. Salieron acojonantes. Antes de la boda hablamos con Alberto. No se acordaba de casi nada. Pensaba que había triunfado con alguna mujer, así que para no quitarle la ilusión le dijimos que sí, que lo llevamos a un puti. El al principio no se lo creía, pero poco a poco fue recordando. Pasó de su primera ilusión al acojono padre. Me preguntaba a todas horas que había pasado, si sabían todos que habíamos ido a un puti.

Yo le dije que no se preocupara, que solo fuimos Aitor el y yo. Lo mejor vino cuando le dejamos un sobre en el buzón de su casa a su nombre con una foto de las suaves de aquella noche. El sobre venía de parte de una admiradora secreta.

No nos dijo nada, pero se casó con el culito bien prieto, y cualquier día de estos le mandamos a su nueva casa unas cuantas fotos.

Enviada por ALBERTO REDONDO

Humor de Despedida

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